miércoles, 9 de noviembre de 2016

Mi primera vez

             

 Mi primera vez

                Ese niño moreno de apellido Rosado, había sido criado por su madre en el seno de la Iglesia Adventista del Séptimo Día. Para él, asistir al templo todos los sábados se había echo costumbre.

            Pero ese sábado era distinto. Nunca antes se sintió así, tan nervioso.  Apenas con 10 años de edad predicaría su primer sermón.

            Era una mañana hermosa en Santa Teresa del Tuy. Cerca de 40 personas se encontraban congregadas.

            A las 10:45, ya estando todos los participantes del culto en la plataforma, observa como uno de sus compañeros se levanta de su puesto. “cantemos todos el himno numero…”.

            Fue el himno más largo que había escuchado en su vida.

            10:50 am. Esta vez se levanta una niña: “invito a todos a buscar en sus biblias…”.

            Los latidos del corazón eran cada vez más acelerados al igual que su respiración.

            10:53 am. Otro niño se levanta e invita a todos a postrarse de rodillas para orar: “Señor te pido que bendigas los diezmos y las ofrendas y también al predicador del día de hoy. Te lo pido en el nombre de Jesús. Amen.”

            10:55 am. Una pequeña anuncia el himno correspondiente para que los diáconos pasen por los asistentes recogiendo los diezmos y las ofrendas.

            El joven predicador apenas podía sacar su dinero del bolsillo. Sus manos sudaban y temblaban. Sabía que después de ese momento le tocaría exponer su sermón. Por su mente iban y venían pensamientos, mientras trataba de recordar todo lo estudiado.

            11:00 am. Finalmente un niño se levanta: “les presentamos a Axcel Rosado quien nos trae un lindo mensaje en esta mañana”.

            Había llegado la hora de la verdad. Todo su cuerpo temblaba como hoja sacudida por el viento. Y mientras oraba internamente se armó de valor. Se puso de pie y exclamó “feliz sábado”, y al unísono “feliz sábado” contesta la congregación. “estudiemos juntos la palabra de Dios”.

            Al finalizar no faltaron las felicitaciones y abrazos de parte de los familiares y amigos. El moreno de apellido Rosado supero sus miedos y glorificó a Dios.


            ¡Qué sábado tan distinto e inolvidable! Ese en el que Axcel predicó su primer sermón. 

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